30 de agosto de 2013

Mayito

Anoche velaron a Mayito Meneses en una funeraria que está frente al Versalles. Fue un velorio cubano de viernes para sábado, sin prisas de semana, con los hombres de traje o guayabera negra que contrastaba con los vasitos blancos de las coladas. La foto que pusieron al lado de la caja era la imagen de Mayito joven, que en pose de estudio fotográfico lucía como un cantante de boleros

Mayito desde niño trabajó en la farmacia del pueblo, tener " farmacia propia" fue su sueño. Al ver “el giro” que tomaba aquello presentó la salida.  Llegó a Miami a mediados de los sesenta con su mujer y su hijo, después de tres años de espera,  castigado en el campo mientras “le autorizaban la salida definitiva”.

El signo de Mayito era trabajar como un mulo, para ganarse la vida en este pueblo ejerció muy diversos oficios , se jubiló en Winn-Dixie. Previsor y ahorrativo pagó su casa en la Pequeña Habana, ayudó a  pagar  los estudios del hijo y era famoso en la familia porque movía como pocos los ahorros de una cuenta hacía otra buscando beneficios. Todos los movimientos  de este hombre conservaban el sello de su primer oficio: método y precisión.
 
No abandonó nunca la idea de volver a su pueblo y fundar la farmacia que soñó desde niño. Estaba convencido de su regreso a Cuba y cada Noche Buena con una copa en alto celebraba la vuelta. Era tan firme su deseo de volver que ni el almanaque, ni las decepciones lo hicieron dudar.  No hizo mella en su fe la muerte de Mas Canosa, ni el regreso de Elián, ni el diagnóstico que le hiciera el oncólogo, cuando hace un par de años, en una revisión de rutina, apareció el cáncer.
 
Ante los golpes de la quimioterapia Mayito conservó su serena alegría y el deseo de volver a su pueblo, al menos, para morir allí. Era un hombre delgado, casi endeble, no fundó empresas, ni escribió libros, hubiera pasado inadvertido por esta vida de no haber sido tan buen padre y esposo; servicial al extremo con los amigos. Tenía la gracia de  aparecer en el momento preciso, siempre dispuesto a resolver esas pequeñas cosas que se agradecen.
 
Lo único en esta vida que no previó Mayito Meneses fue su muerte en Miami, estaba convencido que moriría en Cuba, que su descanso estaba asegurado en el panteón de la familia, que el velorio sería en la sala de aquella casa grande donde vivieron sus predecesores y donde vive todavía un sobrino suyo. Una casa de espacioso portal para recibir  a la familia y los amigos en postrera visita.
 
Ese fue acaso el único imprevisto de Mayito en esta vida, pero los suyos, aunque eran deudores de su sentido práctico ante las cosas no se atrevieron a recordarle, en modo alguno, que también existía la “previsión” de no morir en Cuba.

 

 

 

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