Por Eduardo Mesa
www.lacasacuba.com
La Carta que un sector de la oposición envió al Papa reitera posturas que ya conocemos y que son comprensibles, siempre que sus autores no asuman que sus ideas representan a todos los cubanos. Creo que Martha Beatriz, Antúnez y otros están en su derecho a defender el Embargo, tampoco están obligados a confiar en la buena voluntad de la Iglesia, ni a apreciar su fortalecimiento institucional como un bien para la Nación Cubana.
Ha sido ofensivo y de mal gusto afirmar que los obispos cubanos se han comportado como emisarios del mismísimo Satanás en la tierra durante cincuenta años, al adornar sus reclamos con adjetivos y expresiones de poco rigor le restan seriedad a su misiva, una carta que como tantas pasará sin penas ni gloria porque nada fundamental, ni constructivo se aborda en ella. Su principal error es repetir el esquema del Papa bueno y los obispos malos, estas cosas ya las utilizó el gobierno cubano en algún momento y no tuvieron éxito.
La carta en cuestión fue respondida por Orlando Márquez en la página web de la revista Palabra Nueva; una respuesta fundamentada en las recientes declaraciones del P. Lombardi, portavoz de la Santa Sede, sobre el rol de la Iglesia cubana en las actuales circunstancias. Poco se podría añadir a la respuesta de Márquez y la prudencial institucional invitaría a no hacerlo.
Es por eso que la declaración de la Revista Espacio Laical titulada “La mediación deberá seguir su curso inevitable” me ha parecido un tanto inoportuna y portadora de unas expresiones que me resultan ajenas al pensamiento y lenguaje eclesial que conozco.
Es comprensible que los redactores de Espacio Laical deseen participar en el debate generado en torno a la mediación de la Iglesia, pero los argumentos esgrimidos no deben apuntar a deslegitimar a los firmantes de la carta, muchas personas que también desean lo mejor para Cuba puede que discrepen de los objetivos y la comprensión del conflicto que la Iglesia tiene, muchos de ellos han realizado un sacrificio personal y familiar digno de admiración.
Una publicación católica no debe entrar en el escabroso terreno de definir quienes “no pueden, ni deben tener en sus manos el futuro de Cuba”, trátese de partidarios del derrocamiento o partidarios de otras formulas más cercanas a la gradualidad democrática que la Iglesia desea. No conozco ningún sector sea de izquierdas o derechas, moderado o radical que aspire única y simplemente a derrocar el gobierno, en general las agrupaciones políticas de la Isla y del Exilio expresan un anhelo de reconstrucción nacional y una formal adhesión a la democracia; en estos momentos a nadie se le ocurre invitar a los sabotajes y a la lucha armada y los pocos que lo hacen solo representan a un grupo envejecido y minoritario. Por otra parte aspirar al derrocamiento del castrismo no tiene ninguna objeción moral, el castrismo es un régimen ilegítimo y criminal, si algunos apostamos por la gradualidad democrática que desea la Iglesia no es porque el castrismo no merezca ser derrocado, sino porque anteponemos a ese acto de justicia un bien que consideramos mayor.
La entrega de esta carta en la Nunciatura es un ejercicio de libertad por parte de ese sector de la oposición, un ensayo de lo que será la democracia; no comparto su contenido; pero creo que es mejor abstenerse de entrar en consideraciones sobre el lugar donde fue escrita o suponer intenciones más allá de las expresadas en el texto de la misma.
También, por “un mínimo de seriedad”, es preciso reconocer que la liberación de los presos se ha dado por una conjunción de factores donde todos los que se han esforzado en aras de esa liberación tienen su propios méritos, resultando inapropiado e inconsistente entrar a valorar la preponderancia de unos sobre los otros. Cada uno ha hecho lo que debía hacer con valor, inteligencia y generosidad.
En una situación como esta, los que tienen cierta representatividad institucional deben ser cuidadosos con sus opiniones y si se van a añadir cuestiones polémicas a unas circunstancias que despiertan tantas emociones, es mejor firmar las declaraciones a título personal o simplemente no hacer declaraciones.
Muchos católicos cubanos en el exilio seguimos unidos en el afecto a los que fueron nuestros pastores y que de algún modo lo serán siempre, apoyamos la mediación y confiamos en que este proceso resultará en un bien para la Nación, creemos en los verbos concertar y reconciliar, dos verbos que la Iglesia y los demócratas de cualquier signo ideológico pueden compartir. Estamos orgullos de una Iglesia que fue para nosotros Madre y Maestra, con ella aprendimos a trabajar con todos y para el bien de todos; así fue, así es, que así sea.
Textos relacionados:
La mediación deberá seguir su curso inalterable ( http://espaciolaical.org )
Nota de prensa, Arzobispado de la Habana
( http://aldialacasacuba.blogspot.com/2010/08/respuesta-de-la-iglesia-cubana-carta.htm l)
Carta abierta al Papa Benedicto XVI
( http://aldialacasacuba.blogspot.com/2010/08/carta-abierta-al-papa-benedicto-xvi.html )
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Estimado Mesa su blog es sumamente interesante. Esto de las redes electronicas puede servir en un momento dado para perfeccionar viejas costumbres, errores y confusiones que finalmente dejan mucho que desear de un pueblo civilizado.
ResponderEliminarEstamos tratando de reconstruir una nacion con todos y para el bien de todos y vemos como una parte de nosotros ,haciendo uso legitimo de su derecho a disentir, oponerse u opinar usan estos espacios para verter todos los viejos defectos mas bajos de la naturaleza humana.
Siendo la patria cubana heredera del pensamiento Vareliano , me maravilla la ausencia de virtudes que demuestran muchos de los compatriotas, de manera que es verdad que Varela nos enseño a pensar, pero a veces creo nos falta el adjetivo "bien"
Que estaran pensando de nosotros como pueblo los hermanos de la comunidad internacional que han sido solidarios con nuestros reclamos ? El primero de todos : la liberacion de los presos politicos se esta cumpliendo y voy mas alla, por testimonios de los mismos desterrados hemos sido informados de lo que una gran mayoria de cubanos sin conocer acusan a la jerarquia de nuestra Iglesia: No se ocupan de los presos politicos.
Grave impresion de pueblo malagradecido estamos cargando por voluntad de unos pocos de lengua suelta con la estridencia que se suman a las huestes de los que ellos dicen ser su enemigo.
Que se puede hacer a este respecto? porque los que estamos pagando tanto descredito bajezas somos todos los cubanos, deberiamos unir todos estos medios electronicos para contrarrestar imagenes equivocadas de nuestro comportamiento como nacion civilizada.
Hayy qyue rapidamente buscar una solucion. Gracias por su medio.
Me parece acertadísimo tu artículo. Perdóname la franqueza, pero creo sinceramente que “Espacio Laical” es una revista que desentona con la imparcialidad que se espera de la Iglesia Católica en Cuba. En los últimos años, esa publicación ha hecho suyo un discurso político subyacente que no tiene nada de equidistante, pues se identifica más con las posiciones ideológicas del gobierno que con las de la oposición. Ha promocionado desde sus páginas a intelectuales de izquierda afines al régimen, cosa que me parece democrática, pero a la vez ha desechado los puntos de vista de quienes están en contra de la dictadura, actitud que me luce aberrante. Las razones de estos devaneos no las conozco con exactitud. Sólo sé que, cuando leo “Espacio Laical”, me parece estar recorriendo las páginas de una de las tantas publicaciones auspiciadas por el gobierno.
ResponderEliminarFroilan
ResponderEliminarLa Iglesia goza en este moento de un poder político delegado por el gobierno cubano y dentro del marco de uan gestión humanitaria. Los disidentes y el exilio tienen, sin embargo, un poder político propio, no delegado, pues la rebelión es una fuente legítima de poder político. Espacio Laical niega arbitrariamente ese derecho a una parte importante de la sociedad quienes son legítimos agentes de cambio en estos momentos. Por otra parte, los comentarios de Espacio Laical ponen en riesgo la identidad de la Iglesia. Esto debe tener la mayor atención por parte de la Iglesia en todo momento. En mi opiniön. los comentarios de Espacio Laical favorecen las opiniones extremas y entorpecen el consenso necesario para una búsqueda común del bien de la sociedad cubana. La gestión actual de la Iglesia debe continuar siendo una gestión humanitaria: un campo de acción positiva que todas las partes pueden reconocer como algo propio de la identidad de la Iglesia. Aunque la Iglesia está dispuesta hablar de todo lo que concierne a todos los cubanos, eso es realisticamente posible solo cuando el gobierno cubano quiera aristocraticamente concederle esa posibilidad a todos los cubanos, incluyendo a la Iglesia.
Muy oportuno y acertado tu comentario.
ResponderEliminargracias
Jorge Gonzalez
Eduardo:
ResponderEliminarTu artículo pone las cosas en su lugar, y por eso es de agradecer. Leí con tristeza el editorial de Espacio Laical. El estilo, la tesis y el vocabulario de ese editorial no parecen los de la Iglesia. Es desolador leer esas frases tan viciadas de ideología —y tan carentes de imaginación— como "curso inalterable", "apoyo irrestricto", "burda simplificación", "en el contexto de una campaña", "se gestó fuera de Cuba", "responde a la política del odio", "sectores que aspiran única y simplemente a derrocar al Gobierno cubano" e "Impedir a toda costa". ¿Qué pensará el habanero de a pie a leerlas? Saludos,
Tersites Domilo
Estoy de acuerdo contigo, Eduard.
ResponderEliminarFuerte abrazo,
Luisito
Muy buen artículo!!.
ResponderEliminarLo que más tristeza da es pensar en los pobres laicos cubanos comprometidos, que además de sufrir todo lo que les toca, tienen que coger en sus manos la Revista Espacio Laical y leer esta respuesta, que nada tiene que ver con ellos.
Cuando Jesús se apareció a Pablo, éste quedó ciego.. y tuvo que ir humildemente a casa de Ananías y aceptar que tenía que ser llevado de la mano por los mismos que él perseguía.
Se equivocan ciertos pastores de la Iglesia cuando ponen en puestos claves a personas como el Director de Espacio Laical y no se les da la oportunidad de una real conversión.
En primer lugar, se niega a estas personas la posibilidad real de conversión y en segundo lugar, porque estas personas acaban humillando y ridiculizando a los que sí están tratando de vivir realmente su fe.