29 de septiembre de 2011

Crónicas de bronce y espuma

por Armando Añel

Uno de esos libros deliciosos que uno ve llegar de lejos, pero disfruta de cerca, es sin duda la sorprende colección narrativa El bronce vale (Editorial Silueta, Miami, 2011). Llenos de gracia e imaginación, retratos íntimos de una vida pública trashumante --la del ganado en la finca de los hermanos Castro--, los cuentos y crónicas de Eduardo Mesa recrean el paladar especializado como uno de esos platos de lujo que uno descubre sólo en la madurez, y sólo cuando abandona la fonda natal.

Pero también el paladar no tan especializado: la narrativa de Mesa clasifica “para todas las edades”, esto es, para todos los gustos y condicionamientos literarios. Sobre este libro, enmarcado en la realidad insular, puede decirse que se ve mejor cuando se ve desde afuera, como le pasa a ciertos ajedrecistas. El autor de El bronce vale y otras crónicas ve de lejos y encuentra la combinación perfecta para “matar la partida”: una mirada desprejuiciada y quirúrgica sobre “la patria” desgraciada pone las cosas en su sitio, a los cubanos en su salsa.

Alguien, superficialmente, podría esperar de Eduardo Mesa un enfoque narrativo más laudatorio, conservador o diplomático, dada su condición profesional: Fundador y coordinador de varias publicaciones relacionadas con la fe católica, el autor ha pertenecido a los consejos de redacción de las revistas Palabra Nueva y Vivarium. Pero no: este cuaderno desalmidonado se lee de un tirón, con agradecimiento, placer y fluidez.  El bronce vale, pero también la ola, la graciosa calidez de la espuma sobre la playa.

Tomado de: http://neoclubpress.com/cultura/critica/2073-cronicas-de-bronce-y-espuma.html

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