16 de septiembre de 2010

Por cuenta propia

Llegué de la escuela y salí a la azotea para jugar un rato, mi casa daba a un costado de la Segunda Unidad de la Policía Nacional Revolucionaria que está en la calle Dragones mirando a Zanja; yo solía asomarme para ver, por las ventanas de la Unidad, a los guardias que practicaban judo y otras artes marciales. Aquella tarde en el colchón del judo en vez de guardias dándose estrallones dormían varias mujeres, otras, sentadas en el tatami, conversaban en pequeños círculos. Nadie me dijo lo que ocurría, pero a fuerza de escuchar lo supe: la policía había hecho una redada entre los artesanos de la Catedral, estas personas aunque estaban autorizadas a vender sus productos no podían justificar el origen de las materias primas que utilizaban, los camiones grises llegaban llenos de personas y bártulos, cayeron como moscas.

Una maestra, compañera de mami tenía licencia de artesana y la detuvieron, el esposo fue a preguntar por ella a la estación de policía y también lo dejaron preso, los dos cumplieron, ella varios meses y él varios años. Yo trataba de descubrir a la compañera de mami entre aquellas mujeres que abarrotaban el inmenso salón de los entrenamientos, podía ser aquella que fumaba en un rincón o alguna de las que no se levantaban nunca o aquella, que se asomaba nerviosa a las ventanas, buscando a alguien.

Durante varios días los familiares de los detenidos se agruparon en el parquecito frente a la Unidad, era la única forma de tener noticias y pasarles un poco de café y alguna pertenencia, los hombres estaban en las celdas de abajo, unas celdas tapiadas con planchas de acero que eran inaccesibles desde la calle. Poco a poco el salón de judo se quedó vacío, no supe más de aquellas mujeres y nadie en la casa volvió hablar de aquel suceso en mucho tiempo.

A finales de los ochenta yo era un hombre, o un muchacho grande que se cree un hombre, entonces se inventó el cuento del cuentapropismo y cobró fuerza porque los pedazos de ladrillo del muro de Berlín picaban cerca. El cardenal Ortega estaba entusiasmado con la idea de la pequeña empresa y hablaba de ese asunto con los jóvenes de las parroquias, la liberalización de algunas actividades se veía como un signo de cambio, como una pequeña brecha en el totalitarismo. Varios amigos nos animamos a proyectar una empresa de fumigación: Osvaldo Bernal, Pedro Romero (el Cuco), Raulito León y yo; en ese tiempo estábamos metidos en la Pastoral de Jóvenes Trabajadores, encontrar vías para independizarse del Estado era el anhelo de muchos.

Conseguimos la ayuda de un Ingeniero que trabajaba en la fumigación de hoteles, el hombre también se entusiasmó con la idea y nos preparó un libro con los requerimientos técnicos. Osvaldo, Cuco y Raulito tenían experiencia en el tema (en realidad el único que nunca había matado bichos al por mayor era yo). Caritas Habana nos ayudó a terminar el proyecto, le dedicamos varios meses de trabajo y según los expertos que lo revisaron tenía grandes posibilidades de conseguir financiamiento.

Estábamos eufóricos, tendríamos nuestra pequeña empresa; el estado sólo otorgaba licencias individuales pero daba igual, nosotros lo habíamos soñado juntos y sentíamos que lo nuestro era una empresa. Cuando intentamos comprar los insumos el castillo empezó a desmoronarse, fuimos a un par de firmas extranjeras y nos recibieron amablemente, recuerdo lo que hablé con un representante de la Bayer: él fue quien me aclaró el procedimiento, sólo podían vender a través de CUBALSE, estaban atados por ese “requisito”, no tenían libertad para operar “por cuenta propia”.

El proyecto de nuestra empresa sirvió para explicarle a muchos visitantes extranjeros porqué no funcionaba la alternativa del cuentapropismo, una ilusión que poco a poco comenzó a languidecer hasta que desapareció casi por completo.

El país debe andar muy mal cuando los que gobiernan se han decidido a abrir otra vez esta pequeña válvula. A pesar de que nos han engañado muchas veces me alegro del regreso al cuentapropismo. El régimen anuncia sin recato que prescindirá de millares de trabajadores y al hacerlo renuncia a una parte importante del control sobre sus súbditos. El castrismo se sabe cada vez más débil y por eso acepta el pulso de esta mínima, pero peligrosa liberalización.

La obtención de los insumos sigue siendo un gran escollo para cualquier actividad privada en Cuba, este “detalle” facilita la coartada que la policía necesita para detenerte cuando cambien las “orientaciones”. Esta vez dicen que venderán libremente los insumos, que los cuentapropistas podrán operar en varias provincias, que podrán arrendar locales. Desde Miami, la ciudad que algunos se empeñan en caricaturizar, llegará la solidaridad de la familia y los amigos, la solidaridad de la gente prospera que vive libre.


Aunque otras veces les ha salido bien la jugada de abrir para después cerrar, yo me inclino a creer que en esta ocasión los cuentapropistas no se dejarán arrebatar fácilmente lo suyo, los cubanos de hoy saben que las pequeñas posesiones y espacios que alcancen serán cuestión de vida o muerte. Cada vez hay menos lugares a donde huir y muchos de ellos intuyen que su vida no podrá realizarse en otro lugar.


Los que gobiernan en Cuba no son amantes de las libertades, pero no se puede navegar contra la naturaleza humana indefinidamente; tendrán que liberar la actividad económica de un modo más amplio y los cuentapropistas podrán comprar sin restricciones absurdas las cosas que necesitan.

Si repiten el ejercicio de abrir un poco para volver a cerrar, si persisten en la estrategia del cinismo, no les quedará otra opción que enfrentar a estos hombres y mujeres en las calles; esta vez tendrán que matarlos; porque la gente ya no tienen nada que perder, ni lugar a donde huir.

El futuro de Cuba amanece en sus calles, en los hombres y mujeres que han aprendido a vivir por cuenta propia. Ellos sellarán, de una vez y por todas, el final de ese triste régimen.

Eduardo Mesa

5 comentarios:

  1. Mucha logica hay en lo que usted plantea, pero acuerdese nadie quiere morirse a no ser los fanaticos fundamentalistas del islam y los cubanos no son eso, esta seria como la tercera vez que lo hacen y si, ha pasado algo, mas descontento, pero con descontento no se cae el regimen. Es demasiado la burla en tan corto tiempo.

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  2. Muy interesante amigo Eduardo. Ya es hora de que se acabe la burla.

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  3. Muy interesante amigo Eduardo, ya es hora de que la burla acabe.

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  4. Muy buen post parte de la experiencia, de la cual carecen muchos en Cuba. El cuentapropismo va a naufragar porque en Cuba no hay dinero circulante, porque los precios son altos como consecuencia del monopolio estatal y la razon fundamental: al estado totalitario solamente le interesa sacar dinero y aflojar la valvula de escape.

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  5. Recordar es volver a vivir y leyendo este artículo claro que volvi a vivir aquellos años y recordé mis primeros pasos como cuentapropistas. Yo pude concretar el proyecto de miniempresa dando este servicio a la iglesia catolica sin financiamiento y solo con la experiencia adquirida como fumigador de la Empresa Municipal de Servicio, usando los productos que me resolvía "Rob erto" ya que por la via legal era imposible.
    Esta estrategia de dar un paso para adelante y dos para atrás no es casual, está estudiada y aplicada desde hace años cuando el regimen ha tenido que aflojar la pita que amarra el anzuelo y luego recogerlo. Ilusos aquellos que pregonaban en los pulpitos que los cambios eran irreversibles pues con tal de mantenerse en el poder los gobernantes de Cuba hacen y deshacen cualquier cosa. Todos recordamos la Operación Pitirre en el Alambre y otros operativos contra las iniciativas económicas no estatales y es de esperar que sigan repitiéndose mientras no cambie lo que tiene que cambiar: el sistema.

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