(A la memoria de mi tío abuelo Francisco Candelaria Viña)
Mi tío Chuti ha muerto, se fue a Dios con la mejor edad, como buen Candelaria a los 90 no le apuraba irse y por eso esperó unos años más. Siguió bebiendo ron, y aguardando la suerte del “gordo en la bolita”; hoy me parece verlo allá en su patio, con unas botas de agua, bajo la sombra de los aguacates, dándole de comer a patos y gallinas.
Él era el último de mis tíos abuelos por parte de madre, el benjamín de una peculiar zaga; pasaba de seis pies su estatura y en un museo de Tenerife vi dibujadas las siluetas de los guanches, que me lo recordaron vivamente.
Mi tío Chuti fue militante del Partido Socialista Popular, quizás porque mi bisabuela Margarita Viña vino de aquellas islas muy pobres entonces y era una activa simpatizante de esas doctrinas; creo que esa influencia determinó la filiación de un hombre que creía en la bondad y en la justicia. Fue comunista pero nunca se querelló con nadie por sus ideas, menos con la familia, y así nos quería tanto, aunque sabía que sus sobrinos nietos eran gusanos desde la cuna.
Ahora recuerdo que la maleta de mi primera Escuela al Campo la hizo Chuti y la ducha eléctrica de mi casa también la hizo Chuti y la lista se extendería hasta hacerse muy larga. Hacía honor a su nombre en el gusto de servir a los demás, y su deseo de servir se ayudaba con la capacidad de arreglar y fabricar cualquier cosa, mostrando una habilidad que aún me asombra. Tenía también el arte de narrar y me quedé con ganas de hacerle una entrevista donde desfilaran los personajes de sus anécdotas, pospuse la intención para después y en el ”después” me fui para no regresar.
Hoy la familia llora por mi tío Chuti y no faltarán los chistes y los recuerdos, tampoco faltarán los viejos camaradas del Partido con sus medallas, y no me importaría estar allí, entre propios y ajenos, porque fue el suyo un corazón sin odio. Le sobreviven su hija Maty, la prima que vive en New York, que regresó de verlo hace unos días; su esposa, mi tía abuela María Bobadilla, que hace el mejor arroz congrí , no del pueblo de Bauta sino del mundo, y su cuñado Servilio, que estoy seguro vivirá ciento cincuenta años.
Hoy no puedo decir que no estoy triste, aunque sé que mi tío Chuti está en el cielo, dispuesto a concederme esa entrevista que al final no le hice. Sé que cuando lo encuentre me presentará los personajes de sus anécdotas y nos reiremos mucho, sé que me recibirá con los brazos abiertos, como siempre.
(EM, Miami, 12 de Julio de 2010)
Lamentamos mucho la muerte de Chuti, que dios lo tenga en la gloria.
ResponderEliminarMis condolencias para Maty y para ud, muy lindo homenaje que descanse en paz.
ResponderEliminarJuan C Recio