Por Eduardo Mesa
Alguien dijo una vez que “en ocasiones lo prudente es actuar con audacia”, hay gente que señala los peligros pero no el camino y no hay camino sin peligros. Hay quien señala los peligros porque es honesto y hay quien señala los peligros porque no quiere asumir un camino, o espera en la dilación alguna opción triunfante donde adherirse.
Yo respeto a los que tienen un camino diferente al mío y a los que no han decidido un camino, también a aquellos que esperan entre bambalinas por los triunfadores, aunque a estos últimos sólo los respeto como personas porque ahí la opción es oportunismo y miseria.
Es verdad que en la política hay quienes tienen vocación de “ministro” y hay quienes tienen vocación de servicio, está de más decir que prefiero a los segundos, esos que no vacilan ante la incorrección política en aras del bien común.
La Carta de los 74 y la Carta de los 494 están firmadas por expresos políticos y activistas por la democracia, en ellas se proponen y rebaten ideas de una manera enérgica pero respetuosa. A pesar de que estas cartas señalan estrategias diferentes, coinciden en algo esencial: el respeto a la diversidad. En ambos textos se reitera el respeto por los que opinan de un modo diferente y no se acude a ningún adjetivo descalificador y excluyente, lo que me invita a pensar que la polarización provocada por la publicación de estas cartas se debe más a los cobertura de ciertos medios de comunicación que a las actitudes y expresiones de los propios firmantes.
En el respeto a la opinión ajena y en la capacidad de escuchar al otro nacen los consensos, esa posición en la cual no estás totalmente a favor, ni totalmente en contra, y suscribes el todo por el bien común. Es un ejercicio extenuante pero necesario, un ejercicio que precisa de generosidad y transparencia, de propuestas claras y declaraciones de principio precisas; preludio del lugar democrático que necesitamos para refundar nuestras instituciones y restaurar un país en ruinas.
El desafío de los opositores cubanos, tanto en la Isla como en el exilio, no es conseguir esa unidad entendida como uniformidad , ni la unidad en torno a “alguien” como bien señalaba el periodista Reinaldo Escobar en un artículo reciente. Pretender la uniformidad es un absurdo o una ingenuidad, en el peor de los casos es un pretexto para no hacer nada. Por otra parte, la unidad en torno a alguien es insistir en la perpetuación de nuestra adolescencia política, que privilegia la necesidad del “gran líder” y desdeña las instituciones en detrimento de los mejores liderazgos. Estas formas de entender la unidad la convierten en un objetivo ilusorio y por tanto frustrante.
Nuestro desafío no es invocar esa unidad que termina por paralizarnos; sino encontrar aspectos en común y trabajar en común por ellos, venciendo la desconfianza enfermiza y los protagonismos desmesurados. Podemos continuar el camino del debate respetuoso, como el que se verifica en el texto de ambas cartas, y comprometernos en la búsqueda de aspectos que conduzcan a la aceptación mayoritaria de uno o varios temas.
Creo en la audacia de proponer cosas concretas a riesgo de equivocarse. Si vivimos a la luz del día y es nuestro credo la medida de nuestros afanes poca importancia tendrán las manipulaciones, las conspiraciones y las infiltraciones, “Cuidad los medios y el fin se cuidara por sí solo” decía el Mahatma.
Abundan las alertas sobre peligros que ya conocemos, pero se echa de menos un mayor número de iniciativas y propuestas. Ya sabemos lo que puede venir de los que gobiernan en la Habana, pero aún no sabemos a ciencia cierta todo lo que podemos lograr con nuestros esfuerzos. Podemos escoger entre el inmovilismo y la audacia.
Interesante el comentario. Para mi el sistema de Cuba no es el mejor. Pero hay otros peores. En cuba si bien no hay demasiado desarrollo no es tan grande ladiferencia entre los sectores sociales, no hay gente viviendo en la calle y comiendo de la basura, no hay secuestros, hay buena educacion y salud.
ResponderEliminarSupongamos que Cuba se abra al mundo. Seguramente habria mayor inversion, mas flujo de capitales. Pero a la vez habria un sector de la poblacion que se enriqueceria con esos beneficios y otro que pasaria a ser mas pobre.
Ademas como se puede saber si, en caso de que Cuba se abra, junto con los capitales y las inversiones no entrarian los carteles de la droga, la trata de personas, el juego clandestino, el crimen organizado, las pandillas llamadas "maras", etc
Cosa que esta ocurriendo en varios paises de esa region.
No se. Es una opinion mia que sale desde mi ignorancia. Tal vez pueda estar equivocado.
Si Gustavo, hay sistema peores, probablemente Corea del Norte y alguna satrapia africana sean peores, tambien fueron peores el nazismo, que duro menos, y el stalinismo, los dos con millones de victimas. Es verdad, Cuba no es lo peor, es casi lo peor y si no hacen reformas pronto estaremos en una hambruna y un deterioro de impredecibles consecuencias y entonces estaremos entre lo peor. Ha, se me olvidaba, si hay gente comiendo basura, viviendo en la calles y prostituyendose de mil maneras, tambien hay droga y alcoholismo, una creciente delincuencia y marginacion. Lo que pasa es que el caso de Cuba tu no enteras porque entre las "bondades" del castrimo esta la eliminacion de la libertad de prensa, las cosas "no ocurren" porque la prensa oficial no las informa, un mundo virtual en los periodicos y en los noticieros que se derrumba cuando sales a la calle. Vete a Cuba, date un viajecito, pero no vayas en los paquetes de turista, juntate con la gente y ya veras lo que te cuentan.
ResponderEliminarUn cordial saludo