22 de diciembre de 2007

Palabras para Gaby

Por Eduardo Mesa

Gaby me escribe desde España, no le gustó mi glosa de Saramago, digo que el evangelio de Saramago pasa por el hueco de mis manos, que el evangelio de Saramago me quitó la voz y ella sin conocerme me supone un “blanquito rico y racista” de Miami. No sabe que viví en España varios años, que fui un sin papeles, que llegué un día de julio a Barajas sin tiempo y sin nombre, con un dolor anónimo.

No sabe y me ofende, nos ofende sin conocer nuestro dolor. No soy racista Gaby y no comprendo la razón del insulto, no creo en la pureza de ninguna raza y menos en la pureza de la mía, me críe en Escobar y Zanja, en Centro Habana, una calle y un barrio en donde tú no has vivido, a lo mejor pasaste un día por allí y te parecieron románticas la ciudad detenida en sus ruinas y la sonrisa despreocupada de las muchachas, pero vivir en Cuba es una experiencia que no es nada romántica.

Tampoco soy “rico”, no tengo nada en contra de serlo, pero nací en el “Año del Esfuerzo Decisivo” y los que fueron ricos también eran pobres, corría el año 1969 y ya no quedaba nada por nacionalizar; Fidel había logrado la igualdad en la miseria material y pretendía lograr la igualdad en la miseria moral, esto último, afortunadamente, nunca lo ha conseguido.

Mis amigos negros y mulatos no estarían de acuerdo contigo, no consideran a Fidel su “campeón” sino su opresor; un racista que tiene un feudo regentado por blancos, un ejército de generales blancos y un poder que los excluye de los mejores trabajos que se pueden conseguir en la isla, que no los deja entrar en los hoteles donde los turistas se hospedan y en las playas privadas donde los turistas se bañan.

No Gaby, Miami no es un hervidero de blanquitos ricos y racistas, es la ciudad de un exilio continuo, un exilio de cincuenta años, cubanos de toda procedencia y origen: aristocrátas que tuvieron que trabajar en multitud de oficios para sobrevivir, profesionales, obreros, campesinos que se quedaron sin tierra y sin palmas y que han traído semillas nuevas a esta tierra grumosa logrando el milagro del aguacate y del anón. Miami es la ciudad hispana de Estados Unidos, una ciudad mestiza, hija del azar y de unos cubanos que se vieron conminados a marcharse de su tierra por la violencia de una revolución que no nos ha redimido de ningún mal.

Miami no goza de buena prensa en España, ahora, con los muchachos de Maleni y Zapatero, imagino que menos. La cosas han de ser blancas o negras, lo mismo sucedió con Fidel, suscitaba entre muchos de ustedes una extraña simpatía. Hasta el Generalísimo sintió en algún momento simpatía por Fidel, y Manuel Fraga todavía recibe a los Castro como a primos indianos. Fidel en el imaginario colectivo español es la venganza anti-yanqui por la derrota del 98.

En el exilio hay gente que quisiera matar a Fidel y hay gente que desea su muerte, no comparto la idea de matarlo pero la entiendo, entiendo la rabia que engendran los dictadores de cualquier signo, por eso no me extrañé demasiado cuando ustedes, hace sólo unos años, retiraron la estatua de Franco de Nuevos Ministerios y eso que la guerra civil terminó en el 1939. Yo estaba en España cuando retiraron la estatua del “Caudillo”, por cierto, si mal no recuerdo, por allí había una estatua de Largo Caballero y la dejaron, puestos a quitar, hubieran quitado las dos.

Así es la vida Gaby, yo no deseo la muerte de Fidel o evito desearla, sólo Dios sabe lo que es conveniente y yo confío en Él; aunque es probable que al morir el tirano habría un punto y aparte, una oportunidad de enderezar el rumbo de una nación deshecha, una brecha para la esperanza de millones de cubanos que sólo piensan en marcharse de aquella pesadilla.

Tu no te extrañes Gaby, busca en internet videos de balseros arribando a Florida, o videos de balsas con los balseros muertos, o esas balsas vacías que se filmaron para los noticieros del mundo entero. Esa es la historia reciente de Cuba, la huida a donde sea, ese es el éxito del “campeón”; y no me digas que es el bloqueo y la amenaza Imperialista, ese cuento ya no lo creen ni los oficiales de Villa Marista.

Perdona esta descarga, pero es que no me gustan los libros de Saramago, se me caen de las manos, me dejan una malsana sensación de vacío, otra cosa es que el hombre pose con Fidel, que renuncie a la distancia crítica que un intelectual debe tener ante un sátrapa.

Siento decepcionarte Gaby pero no me gusta el evangelio de Saramago, un evangelio que terminó felizmente en Berlín, un evangelio falso. No me gusta que se opine a la ligera, que se frivolice con nuestro dolor; estoy harto de oír a gente como tú, gente que no sabe o no quiere saber que mi pueblo sólo está dividido por el odio y la desidia de algunos, por el mar de todos.

2 comentarios:

  1. NO HE LEIDO LO QUE ESCRIBIO LA TAL GABY PERO POR LO QUE LEO EN TU ARTICULO, ME PARECE MUY BUENA TU REFLEXION PARA ELLA, TAMBIEN ME AGONIAN LOS COMENTARIOS IGNORANTES QUE IDEALIZAN LA TRISTE REALIDAD CUBANA, SON MUY BUENAS LAS ACLARACIONES COMO LA TUYA

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  2. Eduardo, como bien sabes, lamentablemente hay demasiados "Gaby" en el ambiente, dispuestos a seguir el mito... Los hay por ignorancia, pero también por rencor (sea por la derrota del 98, o por ese barroquismo ibérico que algunos suelen anteponer al pragmatismo anglosajón al peor estilo del uruguayo José E. Rodó, o por lo que sea), pero todo tiene su origen en el equívoco que bien describiera Rafael Rojas en un artículo publicado en El País el pasado año y reproducido en varios medios cubanos (entre ellos el blog "Penúltimos días"). Desafortunadamente, no recuerdo el título, pero no creo que sea difícil encontrarlo. Vale la pena releerlo.

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